| LA
LEJÍA

La
lejía es una de los grandes descubrimientos
de la época moderna. Se obtuvo en el año
1785 por el químico francés Bertholet,
en un barrio periférico de París llamado
Javel, él inventó la fórmula
y descubrió su utilización, así
como sus aplicaciones como desinfectante
A
finales del siglo XIX, cuando el Sr. Louis Pasteur
descubrió que los microorganismos son los causantes
de las enfermedades, la lejía experimentó
el momento de máximo esplendor, gracias a sus
propiedades como agente activo antiséptico.
Actualmente
la lejía se utiliza, no solo en el hogar, sino
en medios hospitalarios ya que su gran poder como
desinfectante le permite ser utilizado para la limpieza
de habitaciones, en los utensilios en contacto con
el virus del SIDA, la hepatitis vírica, y cualquier
tipo de infecciones.
Por
tanto la lejía ha sido, es y será el
desinfectante más enérgico que existe
en el mercado y el más asequible en precio.
Se
entiende por lejía la solución de hipoclorito
sódico cuando su concentración tiene
un contenido de cloro activo no inferior a 35 g/l.
ni superior a 60 g/l, con una alcalinidad total máxima
del 0,9% en peso expresada en óxido de sodio
La lejía concentrada es superior a 60 g/l y
no puede tener más de 100 g/l de cloro activo,
su alcanilidad será como un máximo total
de 1,8% en peso, expresada en óxido de sodio.
La
lejía tiene una normativa propia, Real Decreto
3360/1983, de 30 de Noviembre, Reglamentación
Técnica-Sanitaria de Lejías, modificada
posteriormente por el Real Decreto 349/1993, de 5
de Marzo.
No
obstante esta Normativa prevé que algunos preparados
podrán incorporar la palabra lejía en
su etiquetaje, siempre que la concentración
en cloro activo cumpla lo establecido en la Normativa
de lejías.
Para
la cloración del agua de bebida es necesario
la incorporación de cloro mediante la lejía,
la cual tiene que estar autorizada por el Departamento
de Sanidad y Consumo y cumplir con la Normativa que
lo regula.
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